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El idioma caló y los gitanos de Jerez
Juan de la Plata
Este idioma, el llamado caló, romaní, o con más rigor, el Chipicallí, que es el idioma propio del pueblo gitano, se había prácticamente perdido, en Jerez, hace más de sesenta años, por lo menos; conservándose un muy limitado vocabulario, entre los gitanos jerezanos. Entre otras palabras, recordamos como más usuales en cualquier conversación normal, los siguientes vocablos que solíamos oir en nuestra niñez, cuando nos reuníamos con gitanillos, para jugar en la calle, o cuando ya de jóvenes acudíamos a sus casas, con motivo de algún acontecimiento familiar:
Pañí, por agua; marrón o marrocate, por pan; cayordó, por gitano; chavocillo, por muchacho; churrelito, por niño; gaché, gachó y jambo, por no gitano - en Jerez no se ha usado nunca la palabra payo que utilizan los gitanos de otras zonas de España [...] y así muy pocas otras palabras que recordemos.
Lo que sí es muy habitual entre ellos, es -cuando no se conocen- preguntar uno a otro, si vende cá. Si el otro es gitano, contestará afirmativamente, y a partir de ahí se establecerá una relación personal o, simplemente, una relación de simpatía.
Ni entre ellos solían, ni suelen, hablar muchas palabras más, en caló. Incluso, recuerdo, que los gitanos más mayores, cuando les preguntaba, hace treinta o cuarenta años, por su idioma originario, manifestaban no recordarlo muy bien, por habérseles olvidado la mayoría de las voces, debido a la falta de práctica, ya que, en Jerez, han estado siempre tal insertados en la sociedad castellana que apenas les hizo falta utilizarlo. Tan sólo, en principio, entre ellos, y en el ámbito familiar y casero. Luego, poco a poco, dejaron de hablar en caló, salvo las palabras más usuales que ya hemos dejado anotadas, anteriormente; algunas de las cuales, curiosamente, pasaron a integrarse, por contaminación, en el vocabulario del común de los demás jerezanos, según dejamos recogido en nuestras obras "Vocabulario jerezano" (Jerez 1991) y "El habla de Jerez" (Cádiz, 1993). Lo que demuestra que las prohibiciones de siglos pasados, para que dejaran de hblar en su idioma propio, sí parece que surtieron el correspondiente efecto; así como las prohibiciones para que abandonaran su clásica vestimenta. Pese a su resistencia de los primeros tiempos, por miedo a los castigos de las reales pragmáticas, puede decirse que los gitanos de Jerez abandonaron poco a poco su habla y su vestimenta tradicional, que ya no son más que reliquias del pasado.
En años recientes, se ha querido intentar por algunos la recuperación del caló; para lo que se abrió una escuela para su enseñanza, en el barrio de Santiago, que no tuvo la respuesta masiva que se esperaba. Aunque sí asistieron grupos de alumnos, más por nostalgia y curiosidad, hacia el habla de sus antepasados, que por su vuelta al uso de la misma, en la práctica diaria.
El caló de los gitanos jerezanos sólo lo hemos visto escrito una sola vez, y fue en una minuta gastronómica de la vieja caseta que se instalaba anualmente en la Feria de Jerez, sobre mediados del siglo XX, la famosa gitana, conocida por Currita "La Mahora".
[...] Y al dorso (de la minuta) se daba a conocer la carta de los vinos, con sus nombres de marca y sus precios, escrito todo ello en castellano.
Del libro Los Gitanos de Jerez de Juan de la Plata, año 2001.
Edita: Cátedra de Flamencología y Estudios Folklóricos Andaluces
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